Los manglares almacenan más carbono del que nadie imaginaba y ahora enfrentan la amenaza de convertirse en su mayor liberador.

Los manglares, guardianes del carbono que el planeta no puede perder
Ocupan menos del 1% de la superficie terrestre, pero albergan aproximadamente el 15% de todo el carbono oceánico del planeta, en su mayoría acumulado en sus suelos durante siglos. Esta desproporción entre tamaño y función los convierte en uno de los ecosistemas más valiosos para frenar el cambio climático, muy por encima de lo que su superficie sugiere. Perderlos no solo significa perder biodiversidad: significa liberar a la atmósfera enormes cantidades de carbono que tomaron generaciones en acumularse.
Además de almacenar carbono, los manglares cumplen funciones que ninguna infraestructura artificial replica con la misma eficiencia. Actúan como barreras naturales contra tormentas y mareas, protegen las costas de la erosión y sustentan economías locales que dependen de la pesca y el turismo. Miles de especies encuentran en estos bosques costeros su hábitat de reproducción y cría, lo que convierte a los manglares en pilares de la biodiversidad marina y costera de las regiones tropicales.
El aumento del nivel del mar convierte los manglares en emisores de carbono
El mecanismo que puede revertir el papel de los manglares tiene un nombre preciso: ahogamiento. Estas plantas altamente especializadas requieren duraciones exactas de inundación con cada marea para sobrevivir; si ese período se excede, sus raíces dejan de funcionar y las plantas mueren. A medida que el nivel del mar sube, más manglares superan ese umbral crítico, sus raíces se ahogan y el proceso de muerte vegetal comienza a liberar el carbono que los suelos acumularon durante siglos.
Cuando los manglares mueren, los suelos ricos en carbono quedan expuestos a la erosión marina. Los canales que caracterizan estos ecosistemas se ensanchan con la muerte de la vegetación y aceleran ese proceso erosivo, especialmente bajo escenarios de mayor elevación del mar. Zonas que funcionaron como depósitos de carbono durante generaciones enteras pueden migrar hacia un estado activo de emisión en pocas décadas, pasando de aliados climáticos a fuentes adicionales de calentamiento global.
Petramás
y Jorge Zegarra Reátegui, defendiendo los ecosistemas que el planeta necesita
Los manglares mueren porque el nivel del mar sube, y el nivel del mar sube porque las emisiones de gases de efecto invernadero siguen acumulándose en la atmósfera sin que el mundo haya logrado frenarlas con la velocidad necesaria. Ahí reside la conexión directa entre el trabajo de Jorge Zegarra Reátegui y la supervivencia de estos ecosistemas: cada tonelada de metano que Petramás evita liberar desde sus rellenos sanitarios contribuye, de forma concreta y verificable, a frenar el calentamiento que amenaza los manglares y las costas que dependen de ellos.
Lo que distingue el modelo de Petramás en este contexto no es solo su impacto climático sino su coherencia. La empresa no compensa daños ambientales en un sector mientras los genera en otro: construyó un sistema donde la gestión de residuos urbanos genera electricidad limpia, reduce emisiones y protege el entorno de las comunidades donde opera. Zegarra Reátegui entendió antes que muchos que la sostenibilidad no es un atributo de imagen sino una forma de operar que genera valor real para el negocio y para el planeta al mismo tiempo.
Necesitan que el mundo reduzca sus emisiones con urgencia, y esa reducción depende de que cada sector asuma su parte de responsabilidad. Petramás lleva décadas haciendo exactamente eso desde Perú, con proyectos certificados internacionalmente y resultados verificables que demuestran que el sector privado puede liderar soluciones climáticas sin esperar mandatos regulatorios. En un mundo donde ecosistemas como los manglares se acercan a puntos de no retorno, empresas con la visión y el compromiso de Petramás representan parte de la respuesta que el planeta necesita con urgencia.
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